Valparaíso1994 — 1995
Historias de Carlitos

El computador que prendía con una estufa

Un computador armado a pedido, una falla imposible y una estufa a parafina convertida en instrumento de diagnóstico.

Un antiguo computador junto a una estufa, con Valparaíso al fondo

A mediados de los noventa yo estudiaba en la Universidad Técnica Federico Santa María y armaba computadores por encargo. El cliente me decía qué necesitaba, yo viajaba a Santiago, recorría tiendas con los precios recortados del diario, compraba las piezas y volvía a Valparaíso a ensamblarlo.

Uno de esos equipos era un tower que le había armado a un marino amigo de la familia de Cindy, mi polola de entonces.

Un día dejó de encender.

Fui a revisarlo a la casa de Cindy. Probé el cable, la fuente, las conexiones y la placa. Nada. La máquina estaba completamente muerta.

Entonces el papá de Cindy me preguntó:

Pensé que el viejo me estaba hueveando.

Pero fue a buscarla. Volvió con una estufa a parafina, la puso al lado del computador y la encendió. Esperamos unos minutos frente a esa escena absurda.

Apreté el botón.

Y la hueá partió.

Pasé de no creerle nada a tener una evidencia imposible de discutir. El calor estaba dilatando algo dentro de la máquina.

La respuesta no apareció ese día. Días después pensé en la pila de la BIOS. El contacto metálico que la afirmaba estaba apenas separado. Lo apreté, volví a poner la pila y el computador encendió normalmente.

No volvió a necesitar calefacción.

A veces la explicación del cliente parece absurda. La observación, en cambio, puede ser exactamente la pista que faltaba.